El coche eléctrico está entrando en una nueva. La autonomía sigue siendo importante, por supuesto, pero ya justifica en exclusiva la adquisición de uno u otro modelo. A medida que la oferta se amplía y los eléctricos abandonan los segmentos más caros, empiezan a aparecer los argumentos que hasta ahora eran habituales: cuánto espacio hay detrás, qué me cabe en el maletero, cuánto cuesta o si obliga a modificar demasiado las rutinas de quien viene de conducir durante años un gasolina o un diésel.
El nuevo Opel Frontera Electric encaja precisamente en esa segunda generación de vehículos cero emisiones. No pretende ser el SUV con la batería más grande, ni el más potente, ni el que menos tiempo permanece conectado a un cargador rápido. Su planteamiento es más pragmático: ofrecer las cualidades de un todocamino familiar de 4,38 metros de longitud y aprovechar la propulsión eléctrica sin convertirla en el único argumento del automóvil.
Además, toca el corazoncito de los más veteranos, pues recuperar el nombre Frontera es todo un acierto, pese a que la firma haya querido desligar a nuestro protagonista de aquel todoterreno de los años noventa dejando, eso sí, como hilo conductor su robustez y aprovechamiento del espacio.
Dos autonomías para dos necesidades diferentes
Opel ofrece dos alternativas de batería, ambas asociadas a un motor delantero de 113 CV. Un rendimiento que se percibe en una respuesta inmediata en ciudad y de unas prestaciones suficientes para desplazarse con normalidad que conseguir aceleraciones propias de un deportivo eléctrico.
La variante de acceso utiliza una batería de 44 kWh y homologa hasta 305 kilómetros. Por encima aparece el Frontera Electric Extended Range, que eleva la capacidad del acumulador hasta los 54 kWh y la autonomía oficial hasta los 408 kilómetros WLTP. Una alternativa que, además, reduce el consumo homologado hasta un intervalo de 15,8 a 16,5 kWh/100 km.
La diferencia entre ambas versiones viene determinada por las necesidades de cada conductor. Aquel que recorra cada día unas pocas decenas de kilómetros, pueda cargar en casa y concentre buena parte de sus trayectos en ciudad y alrededores, los 305 kilómetros del Frontera de acceso le permiten utilizar el coche durante varias jornadas sin necesidad de enchufarlo. Por su parte, quien necesite realizar desplazamientos más largos encontrará en los 54 kWh un margen adicional que reduce la frecuencia de las paradas. No desaparece, naturalmente, la necesidad de planificar cuando llega un viaje largo. La carga rápida alcanza 100 kW, una cifra más que con la que en menos de media hora se puede recuperar del 20 al 80%.
Al fondo hay (mucho) sitio
Sin embargo, donde el Frontera se aleja todavía más del típico coche eléctrico concebido únicamente alrededor de su tecnología es en el habitáculo. Con 4,38 metros de longitud, su orientación familiar resulta evidente, especialmente por el aprovechamiento de unas formas exteriores bastante cuadradas.
Y es que pese a tener unas dimensiones contenidas, el maletero dispone de nada menos que 460 litros con los asientos posteriores en posición normal y roza los 1.600 litros al abatirlos, con respaldo dividido en proporción 60:40 y un segundo piso de carga. Son cifras que sitúan el espacio entre sus argumentos más interesantes y consiguen llamar la atención de familias o personas que necesitan capacidad de carga.
En el caso de que te estés preguntando por la tercera fila de asiento, sí, el Frontera puede equipar hasta siete plazas, pero la lástima es que solo se oferta en las versiones híbridas GS y Ultimate. El Frontera Electric está disponible exclusivamente con cinco.
Sin salir del confort, las butacas delanteras cuentan con la tecnología Intelli-Seats, que emplean un rebaje central pensado para reducir la presión sobre el coxis. En el caso del puesto de conducción, está presidido por el Pure Panel con dos pantallas de 10 pulgadas, con un sistema rápido e intuitivo en el caso del monitor central, personalizable mediante gadgets y con sincronización inalámbrica con Apple CarPlay y Android Auto, para lo cual ofrece carga inalámbrica y diferentes conexiones USB-C según equipamiento.
Normaliza lo eléctrico
Desde la masificación de los eléctricos, la tendencia de muchos fabricantes ha sido la de ofrecer modelos disruptivos en diseño y, sobre todo, en comportamiento. El Frontera sigue un camino diferente. En ciudad, un vehículo de este tipo aprovecha especialmente bien las cualidades inherentes de un eléctrico: silencio, ausencia de cambios de marcha y una entrega de par inmediata a baja velocidad.
Cuando la jornada se acaba, puedes dejarlo cargando u olvidarte de dicha operación hasta pasadas varias jornadas, más aún con esta batería de 54 kWh que amplía su radio de acción para quienes necesitan algo más que un coche destinado a recorridos metropolitanos.
La puesta a punto del chasis sigue el mismo criterio. El Frontera utiliza un esquema de suspensión McPherson en el eje delantero y una solución de eje torsional detrás, con un tarado orientado a absorber las irregularidades de la carretera. Destaca su buena capacidad para filtrar baches y juntas del asfalto, una dirección ligera que facilita las maniobras y unas reacciones previsibles en carretera. La carrocería presenta movimientos perceptibles cuando se incrementa el ritmo, pero conserva un comportamiento estable en una conducción normal.
El precio, su reclamo
Por último, queda una variable que resulta difícil omitir cuando se habla de democratizar el coche eléctrico: el precio. Durante los Opel Days en los que nos encontramos, la marca plantea para el Frontera Electric GS de 44 kWh y 113 CV una financiación desde 169 euros al mes sin entrada, dentro de una operación a 36 meses y 30.000 kilómetros.
La campaña está diseñada teniendo en cuenta la eventual ayuda del Plan Auto+, cuyo importe previsto se hace coincidir con una cuota extraordinaria en el mes 12. La promoción está vigente hasta el 30 de septiembre de 2026 y está sujeta a las condiciones de financiación de Stellantis Financial Services.
Si hablamos de precio al contados, el Frontera Electric Edition de 44 kWh arranca desde 25.350 euros, mientras la versión de 54 kWh aparece desde 27.450 euros para la misma configuración. Más allá de la fórmula financiera concreta, el planteamiento resume dónde quiere situarse el Frontera Electric.
Un coche que no intenta destacar mediante cifras de potencia extraordinarias ni una tecnología innecesariamente complicada. Su propuesta se apoya en una carrocería espaciosa, un comportamiento confortable y dos autonomías que permiten ajustar la compra a necesidades reales. La batería de 54 kWh ha terminado de completar un producto que, por tamaño y planteamiento, puede desempeñar perfectamente el papel de coche familiar eléctrico.
Galería de imágenes del Opel Frontera Electric
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No era la idea inicial pero las cuatro ruedas se cruzaron en mi camino periodístico y desde entonces no he parado de disfrutar al volante. Enamorado del sonido de algunos motores, hoy por hoy vivo con sorpresa y emoción el camino electrificado que está tomando el sector.

















