- El espionaje en vehículos conectados monitoriza los hábitos de conducción de los usuarios de forma constante a través de sensores y cámaras integradas.
- Esta recolección masiva de información confidencial por parte de las marcas automotrices afecta directamente al precio de los seguros y la privacidad.
- Una experta en ciberseguridad nos revela qué datos buscan los hackers en tu coche, cómo los obtienen y cómo protegerte
Los coches actuales funcionan como ordenadores sobre ruedas que absorben detalles de los usuarios con fines comerciales. Según un artículo que recoge BBC News Mundo, la información que se recopila incluye datos de ubicación precisos sobre todos los lugares visitados, quién acompaña al conductor, qué emisora sintoniza, el uso del cinturón, las velocidades o los frenazos bruscos. Así mismo, estos vehículos registran magnitudes como el peso, la edad, el origen étnico y los gestos faciales mediante ópticas internas que transmiten los archivos detectados.
Estos datos que generan los vehículos son gestionados por las marcas con fines comerciales, y generan perjuicios económicos directos a los usuarios, como el incremento selectivo de las primas de seguros. Aunque los fabricantes de coches reconocen estas transacciones, ocultan la identidad de las entidades compradoras, operando en un entorno totalmente carente de regulaciones estrictas. Y lo peor de todo es que los conductores ignoran este rastreo sistemático que permite realizar minuciosos historiales sobre sus rutinas cotidianas.
El espionaje en vehículos conectados y la normativa de seguridad
Una futura legislación estadounidense obligará a implantar dispositivos biométricos infrarrojos para evaluar la fatiga y el nivel de alcohol del piloto mediante el parpadeo. Esta medida añadirá un volumen ingente de datos corporales e historiales médicos a unas bases de datos totalmente desreguladas que carecen de protección jurídica. A pesar de que la conectividad aporta ventajas en asistencia vial y rebajas en los seguros para los conductores prudentes, el negocio corporativo se expande demasiado deprisa, y para mal.
La penetración de automóviles con acceso a la red alcanzó el 50% en 2021 y las previsiones de la consultora McKinsey apuntan al 95% para 2030. La vulnerabilidad aumenta al conectar los teléfonos móviles a las consolas centrales o emplear herramientas de navegación satelital específicas.
Un estudio realizado por Mozilla sobre 25 marcas automovilísticas concluyó que esta industria es la que peor gestiona la confidencialidad de los compradores. El informe desveló cláusulas para acumular nombres, capitales, rasgos psicológicos y rostros. Incluso Kia contemplaba variables sobre salud, aunque alegó motivos legales de California. Y todo gracias a una infraestructura técnica que consta de receptores repartidos por chasis, salpicaderos, propulsores y asientos para auditar cualquier acción realizada a bordo.
Consecuencias del espionaje en vehículos conectados
La investigación descubrió que 19 corporaciones automovilísticas mercadean con estos expedientes de datos, dando origen a expedientes sancionadores gubernamentales. Es el caso del expediente contra General Motors por enajenar ubicaciones geográficas sin autorización expresa. Varios senadores norteamericanos denunciaron comportamientos idénticos en marcas como Hyundai o la firma japonesa Honda.
Los analistas advierten que esta acumulación de datos pretende deducir ideologías políticas, coeficientes intelectuales y conductas de los usuarios finales. «La gente se sorprendería por la cantidad de puntos de datos que su automóvil recopila y transmite a otras personas, ya sea al fabricante o aplicaciones de terceros», ha comentado Darrell West, del Centro de Innovación Tecnológica del Brookings Institute en Washington DC.
La ausencia total de normas que lo impidan propicia que terceras empresas usen estas bases de datos para segmentar publicidad, cribar candidaturas laborales o permitir pesquisas policiales sin mandatos judiciales. Una vez extraídos de las pantallas de abordo, se pierde el rastro de numerosos archivos.
Prácticas corporativas bajo la lupa judicial
Gracias a conseguir una copia de la documentación privada que habían pasado a la compañía LexisNexis, un conductor tuvo conocimiento de la existencia de un informe de 130 páginas que pormenorizaba los viajes con su mujer durante los últimos seis meses.
Este trasvase de datos provocó subidas del 21% en las cuotas anuales de las pólizas de los conductores afectados tras ser evaluados sus patrones al volante. Las entidades implicadas eludieron pronunciarse públicamente ante los requerimientos de los medios de información respecto a estas penalizaciones financieras.
En el caso de General Motors, la Comisión Federal de Comercio intervino prohibiendo que pudieran comercializar estos registros obtenidos de los sistemas de sus coches durante cinco años. No obstante, el tráfico de datos persiste a través de otras aplicaciones móviles que los usuarios mantienen activas mientras viajan en su automóvil.
Te puede interesar…
- Cuesta 42.600 euros, tiene 537 CV y gasta menos de 2 litros: el SUV PHEV que pone en jaque a las marcas premium
- Mercedes va a por todas: la batería de 1.000 km que lo cambiará todo
- Cuidado si compras un coche eléctrico en 2026: esto es lo que cubre (y lo que no) tu garantía
Soy una periodista madrileña con más de 25 años de experiencia. Cursé los estudios de periodismo en el Centro de Estudios Universitarios San Pablo CEU. A lo largo de mi trayectoria profesional he trabajado en medios como Motor 16, Km77, Car & Driver o Quad & Jet, y he colaborado con departamentos de prensa como el de BMW.
- Belén Valdehita
- Belén Valdehita
- Belén Valdehita
- Belén Valdehita
- Belén Valdehita
- Belén Valdehita
- Belén Valdehita
- Belén Valdehita
- Belén Valdehita
- Belén Valdehita
- Belén Valdehita
- Belén Valdehita
- Belén Valdehita
- Belén Valdehita
- Belén Valdehita
- Belén Valdehita
- Belén Valdehita
- Belén Valdehita
- Belén Valdehita
- Belén Valdehita
- Belén Valdehita
- Belén Valdehita
- Belén Valdehita
- Belén Valdehita
- Belén Valdehita
- Belén Valdehita
- Belén Valdehita
- Belén Valdehita
- Belén Valdehita
- Belén Valdehita
- Belén Valdehita
- Belén Valdehita
- Belén Valdehita
- Belén Valdehita
- Belén Valdehita
- Belén Valdehita
- Belén Valdehita
- Belén Valdehita
- Belén Valdehita
- Belén Valdehita
- Belén Valdehita
- Belén Valdehita
- Belén Valdehita
- Belén Valdehita
- Belén Valdehita
- Belén Valdehita
- Belén Valdehita
- Belén Valdehita
- Belén Valdehita
- Belén Valdehita
- Belén Valdehita
- Belén Valdehita
- Belén Valdehita
- Belén Valdehita
- Belén Valdehita
- Belén Valdehita
- Belén Valdehita
- Belén Valdehita
- Belén Valdehita
- Belén Valdehita
- Belén Valdehita
- Belén Valdehita
- Belén Valdehita
- Belén Valdehita
- Belén Valdehita
- Belén Valdehita
- Belén Valdehita
- Belén Valdehita
- Belén Valdehita
- Belén Valdehita
- Belén Valdehita
- Belén Valdehita
- Belén Valdehita
- Belén Valdehita
- Belén Valdehita
- Belén Valdehita
- Belén Valdehita
- Belén Valdehita
- Belén Valdehita
- Belén Valdehita
- Belén Valdehita
- Belén Valdehita
- Belén Valdehita
- Belén Valdehita















