- El mercado chino del automóvil demanda cada año más de 30 millones de vehículos nuevos
- La competencia entre los fabricantes chinos de coches es tremenda
- GAC sopesa fabricar coches en España en un futuro cercano, tras la apuesta de SAIC por Galicia
Hace ya unas cuantas décadas, occidente puso sus ojos en China. Hasta entonces, el gigante asiático era considerado un país empobrecido por el yugo del gobierno comunista, donde el poder adquisitivo de la inmensa mayoría de sus 1.400 millones de habitantes era pírrico. Con una mano de obra extremadamente barata y una cultura del trabajo rayana a la explotación, fabricar en China fue visto como la panacea para poder evitar subidas de precio de productos e incluso abaratarlos y, encima, ganar suculentos beneficios.
Parecía la ecuación perfecta, sin embargo tenía un pero, o varios. Esa situación no era eterna. Aunque China parecía haber estado dormida durante siglos, tenía que llegar el momento en que despertara y ese momento llegó. Fue a finales del siglo pasado, con un aperturismo contenido y una tendencia hacia un seudocapitalismo controlado. En el sector de la automoción, esto fue visto como una nueva oportunidad de negocio y a fe que dio muy buenos resultados durante muchos años, pero las tornas han cambiado de forma radical.
Volkswagen, pionera en la década de los 80 
Volkswagen fue el primer fabricante europeo que vio el potencial de fabricar coches en China. Fue a comienzos de la década de los 80 del siglo XX. En 1984 el grupo germano llegó a un acuerdo con uno de los pocos fabricantes chinos que entonces existían, controlado por el Gobierno claro está. Su nombre: SAIC. ¿Les suena? A través de una joint venture comenzó a fabricar coches en China. Le siguieron, años más tarde, el resto de fabricantes que vieron el potencial que había.
El mercado chino, no solo del automóvil, comenzó a crecer a lomos de una clase media floreciente y de un movimiento de dinero nunca visto hasta entonces en el país. Esto derivó en un mercado chino del automóvil que cada año demanda más de 30 millones de vehículos nuevos y las marcas europeas, norteamericanas, japonesas y coreanas se hincharon a vender coches.
Pero los chinos aprendieron todo lo posible de la experiencia y fueron tejiendo un plan que iba a dar la vuelta a la situación como un calcetín. Se hartaron de escuchar los reproches de occidentes en las Cumbres del Clima, cuando les instaban a cumplir con los acuerdos para evitar la contaminación del planeta. «Ahora que estamos despertando nosotros vamos a ponernos restricciones cuando vosotros lleváis más de un siglo contaminando a vuestro antojo», vinieron a decir los chinos.
De esta forma, la industrialización de China se llevó a cabo en tiempo récord, ayudada por los fabricantes europeos y occidentales y la maquinaria cogió tal ritmo que ha avasallado al mundo entero.
El vehículo eléctrico el gran detonante
Pero el plan chino iba más allá. No quería poder competir con sus rivales occidentales, quería someterlos y así ha sido. Y su mejor aliada ha sido la Unión Europea, acostumbrada a pegarse tiros en los pies por su ideologización de la política.
La contaminación en China llevaba camino de acabar con los pulmones de toda la población y la solución más práctica era la electrificación del parque automovilístico y de todo lo que se pudiera. Con unas inversiones estratosféricas en tecnología y en I+D, China se lanzó a liderar la batalla de la nueva era del automóvil. El vehículo eléctrico sería su caballo de batalla y el que le llevaría al triunfo y así ha sido.
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Los fabricantes chinos desarrollan un nuevo modelo en 20 meses, mientras los occidentales tardan 60. No hay color. Según informa Bloomberg, en el primer semestre del año se han lanzado en China 650 vehículos nuevos o actualizados. Más o menos cuatro cada día. La mayoría son restyling de modelos ya existentes que llegan a los tres o cuatro meses de su lanzamiento, pero unos 180 de ese montante total son completamente nuevos y principalmente electrificados.
“Esto es una auténtica locura”, afirmó He Zhiqi, vicepresidente ejecutivo de BYD, en unas declaraciones publicadas por Bloomberg, en las que calificó el mercado chino del automóvil como “no solo muy competitivo, sino brutal”. De esta forma, los fabricantes chinos están acaparando su mercado, excluyendo cada vez más a las marcas extranjeras. Y ahí vienen los grandes males de estas marcas. Sin los cientos de miles de vehículos que vendían en China, sus cuentas de resultados se ven seriamente afectadas y si a eso le unimos que han tenido que relocalizar fábricas para evitar los aranceles, volviendo a fabricar en Europa al precio que eso conlleva, comenzamos a ver el por qué del sufrimiento de muchos de estos grandes grupos en la actualidad.
Los fabricantes chinos necesitan vender en Europa
Con un mercado local tan agresivo, los fabricantes chinos deben vender fuera de sus fronteras para mantener el ritmo de producción y Europa es el lugar idóneo.
Los coches eléctricos fabricados en China representaron el 17% del mercado de vehículos eléctricos de batería (BEV) de la UE en el primer trimestre de 2026, lo que se traduce en que casi uno de cada cinco eléctricos estaban fabricados en China, aunque ello marca un descenso respecto al 22% alcanzado en 2024, cuando se introdujeron los aranceles.
Sin embargo, este descenso se debe principalmente a que marcas como BMW, Volvo y Tesla trasladaron la producción que habían externalizado a China de vuelta a Europa. Esto lo demuestra el dato de que la cuota de los fabricantes europeos en las importaciones chinas de BEV ha caído del 38% en 2024 al 23% en el primer trimestre de 2026.
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Más de tres décadas dedicado a informar, en papel, radio, TV e Internet. Soriano con alma de madrileño. Apasionado del motor y del deporte. No siempre la vida nos va sobre ruedas, aunque todos desearíamos que así fuera y si es con un motor eléctrico por medio, mejor.


















