- El acuerdo entre Ford y Geely por la fábrica de Almussafes está en el foco del Gobierno de EEUU que lo estudiará escrupulosamente y valora su idoneidad
- Trump y su administración podrían boicotear esta alianza en la que no ayudan las malas relaciones entre los gobierno chino y español con el estadounidense
- Ford da el paso definitivo en sus baterías de la mano de CATL, más baratas y más duraderas
No ha sentado nada bien en Estados Unidos el acuerdo alcanzado entre Ford y el Grupo Geely para crear una joint venture y utilizar de forma conjunta la fábrica de Almussafes a la vez que colaborar en la fabricación de un futuro modelo de la marca del óvalo. Desde hace más de un año, se conocía el interés de un par de grupos automotrices chinos en fabricar coches en Valencia, conocedores de los tremendos problemas que arrastra la factoría levantina. Donald Trump estaba al corriente de este interés y ya puso como condición que cualquier tipo de acuerdo debía pasar por la creación de una joint venture en la que el fabricante americano tuviera el control.
A pesar de que la alianza ha cumplido con ese requisito, parece que a Trump y al resto de la administración estadounidense no le ha parecido bien, mostrando serias dudas de que haya transferencia de tecnología americana hacia China. Así lo desveló en la noche de ayer David Alandete, el corresponsal de ABC en la Casa Blanca, quien afirmó que el acuerdo «ha desatado una ofensiva política en Washington y amenaza con convertir la planta de Almussafes en todo un frente de la rivalidad entre Estados Unidos y China».
John Moolenaar no comprende a Ford
Alandete es el periodista español con más contacto con la Casa Blanca y asegura que el político más contrario al acuerdo parece ser John Moolenaar, presidente republicano de la Comisión de la Cámara de Representantes del Capitolio sobre China. Este diputado por el estado de Michigan (precisamente el estado donde Ford cuenta con una fábrica de baterías en colaboración con la china CATL) ha cargado contra Ford, el gran estandarte del sector automotriz americano, y la ha acusado de «contribuir a los planes del Partido Comunista de China para dominar las cadenas mundiales de suministro del automóvil y aumentar la dependencia occidental de la industria china», según ABC.
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«La decisión de Ford es incomprensible. Busca protección frente a los fabricantes chinos que llegan a Estados Unidos mientras se asocia con Geely. Ford debería trabajar con nuestros aliados, no con nuestros adversarios», afirmó Moolenaar.
China, fuera del mercado americano
En una cosa en la que están de acuerdo republicanos y demócratas en el congreso de los EEUU es en intentar por todos los medios mantener fuera del mercado estadounidense a los fabricantes chinos, por lo que la comisión presidida por Moolenaar parece dispuesta a poner trabas a la alianza sellada ayer en tierras valencianas.
Si se considera que puede llegar a haber transferencia de tecnología o dependencia de ciertos componentes provenientes de China, la comisión puede llamar a los responsables de Ford a que acudan al congreso a dar explicaciones, además de aportar toda la documentación que sea necesaria para aclarar las dudas que se tengan. Si los miembros de la comisión estiman que puede haber algún riesgo para el país, pueden imponer nuevos requisitos para dar el visto bueno a la operación.
Teniendo en cuenta que el Gobierno estadounidense ya tiene puesto el foco en Ford desde hace tiempo, tras su acuerdo de colaboración con el gigante chino de baterías CATL, al que se acusa de estar vinculado al sector militar chino y se le acusa de malas praxis en sus relaciones con sus trabajadores, la alianza sellada en Valencia no ayuda a mejorar la imagen de Ford en la Casa Blanca.
Todo esto podría retrasar varios meses el proyecto, con el consiguiente efecto negativo en los miles de trabajadores de la planta de Almussafes, muchos de los cuales están inmersos en un ERTE dentro del mecanismo Red desde hace ya años.
Vuelve la incertidumbre tras las celebraciones
La reacción del Gobierno estadounidense ha vuelto a sembrar la incertidumbre en las familias de los trabajadores de Almussafes, tan solo unas horas después de haber celebrado por todo lo alto un acuerdo que para ellos supone la salvación de sus puestos de trabajo y para la Comunidad Valenciana un impulso como pocos en sus planes económicos e industriales.
Hay que resaltar que la planta de Almussafes fue en su día la más grande de Ford fuera de los Estados Unidos. Con una capacidad para fabricar casi medio millón de vehículos al año, en 2025 tan solo fue capaz de producir unas 90.000 unidades.
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