- En Alemania el mercado del automóvil está por debajo de los niveles prepandemia pero sigue siendo el mayor mercado de Europa
- La fidelidad del cliente alemán parece comenzar a resentirse en un contexto cambiante
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El statu quo tradicional de la automoción en Europa está cambiando a una velocidad de vértigo. La revolución del vehículo eléctrico ha dado la vuelta al mercado como a un calcetín y ha traído nuevos actores al Viejo Continente que no han llegado para ser meros extras, han llegado para tener un papel protagonista. Ante esto, las vacas sagradas del sector han visto cómo se comienzan a resquebrajar sus cimientos. Y esas vacas sagradas se encuentran especialmente en Alemania, el gran mercado europeo del automóvil y la locomotora de este sector en términos de fabricación.
Los grandes grupos automotrices germanos están pasando por malos momentos que les están obligando a replantear sus estrategias y a reconfigurar sus plantillas de trabajadores. El Grupo Volkswagen es el que más está sufriendo el giro que ha dado la industria del sector, pero BMW o Mercedes-Benz también comienzan a ver cómo sus cuentas de resultados se resienten.
China ha pasado en pocos años de ser fuente de grandes ingresos a ser la competencia
Las grandes marcas alemanas, como muchas otras, vieron hace años un filón en el emergente mercado automotriz chino. En poco tiempo, el aperturismo del Gobierno comunista chino creó una clase media que creció a unos niveles nunca vistos y eso demandó millones de automóviles, que las marcas occidentales estuvieron encantadas de vender.
El coche alemán era sumamente valorado en el gigante asiático. Tradición, fiabilidad, seguridad y calidad, son algunos de los calificativos que acompañan habitualmente a los modelos de las marcas germanas y eso atraía sin parar a los chinos que comenzaban a ver crecer sus economías domésticas. Los beneficios que llegaban del mercado chino eran fundamentales en los balances de resultados de las grandes marcas europeas, pero con la revolución del vehículo eléctrico la cosa cambió.
China lo apostó todo al vehículo eléctrico y se preparó para dar un vuelco a la situación. Invirtió lo que no está en los escritos en tecnología, en el desarrollo de las baterías y en un ecosistema que permitiera fabricar a un ritmo nunca antes conocido. La Unión Europea, acostumbrada a pegarse tiros en el pie, le puso una alfombra roja al proyecto chino con sus políticas y todo se revolucionó.
De ser una gran fuente de beneficios, China pasó a ser la gran competencia para las marcas europeas. Una competencia feroz. Las ventas de las marcas europeas comenzaron a reducirse en la República Popular, lo que unido a una apuesta timorata por el vehículo eléctrico las llevó a un callejón sin salida.
Los aranceles frenaron el batacazo durante un tiempo
La presión sobre la UE obligó a los perezosos políticos de Bruselas a aumentar los aranceles a las importaciones de vehículos eléctricos chinos, lo que frenó durante unos meses el batacazo de las grandes del sector europeo, pero los chinos supieron sortear esos aranceles y seguir presionando. ahora se pide que se apliquen esos aranceles también a los vehículos híbridos enchufables, que han sido la gran apuesta de las marcas chinas en los últimos tiempos.
Pero los dirigentes de los grandes grupos se han dado cuenta que con eso no basta. Que en Alemania el mercado está cambiando y, aunque todavía se resisten a comprar los coches chinos (solo un 1% de las ventas), los alemanes están empezando a tener dudas. Ya no ven tan clara la diferencia de calidad, muchos ya no pueden acudir a su concesionario de toda la vida (los alemanes son los clientes del sector más fieles) porque muchas marcas han cerrado decenas de concesionarios para abaratar costes.
Las marcas chinas tienen a Alemania entre ceja y ceja
Miles de puestos de trabajo se van a perder en los próximos años porque las factorías alemanas ya no pueden producir al máximo de su capacidad con el reajuste del mercado. En Alemania, el mercado del automóvil no se ha recuperado tras la pandemia y parece muy difícil que lo haga en lo que resta de década.
Las marcas chinas por parte saben que su mercado está en plena deceleración y necesitan expandirse fuera de sus fronteras para seguir manteniendo su actividad en los niveles actuales y Alemania parece el lugar elegido para hacerlo, amén de otros mercados como el español, donde las marcas chinas triunfan con números espectaculares.
Con unas ventas cercanas a los tres millones de vehículos al año, el de Alemania es el mayor mercado de Europa y las marcas chinas quieren parte de ese gran pastel.
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Más de tres décadas dedicado a informar, en papel, radio, TV e Internet. Soriano con alma de madrileño. Apasionado del motor y del deporte. No siempre la vida nos va sobre ruedas, aunque todos desearíamos que así fuera y si es con un motor eléctrico por medio, mejor.

















