- Martorell ya fabrica el CUPRA Raval y el Volkswagen ID. Polo, mientras Navarra ha iniciado la producción del Škoda Epiq.
- Los tres modelos forman parte de la familia de eléctricos urbanos desarrollada por el Grupo Volkswagen para Europa.
- El proyecto supone miles de millones de euros en inversión industrial y consolida el papel de España dentro de la electrificación europea.
Una de las últimas tesituras a las que se han enfrentado los fabricantes a la hora de lanzar sus modelos eléctricos ha sido cómo competir en precio no solo frente a los modelos de combustión, sino ante fabricantes capaces de producir a gran escala y con costes cada vez más ajustados. La respuesta dependía de dónde se fabriquen esos vehículos y de si Europa era capaz de mantener una base industrial competitiva en un segmento donde el precio final resulta determinante.
Por eso las últimas semanas han sido especialmente importantes para la automoción española. En apenas unos días, las fábricas de Martorell y Navarra han iniciado la producción de tres modelos que tendrán un papel central dentro de la estrategia eléctrica del Grupo Volkswagen: el CUPRA Raval, el Volkswagen ID. Polo y el Škoda Epiq. Una terna que ya hemos conocido en persona e incluso probado en el caso del Raval, y que forma parte de una misma familia de vehículos concebida para ampliar el acceso al coche eléctrico en Europa y, al mismo tiempo, reforzar la posición industrial del grupo frente a una competencia internacional cada vez más intensa.
Un proyecto que va mucho más allá de los eléctricos urbanos
Lo relevante es que Volkswagen ha decidido concentrar en España una parte fundamental de su ofensiva eléctrica para los próximos años. La denominada familia de coches eléctricos urbanos del grupo está compuesta por cuatro modelos de tres marcas diferentes y se apoya en la colaboración entre las plantas de Martorell y Navarra. El objetivo es compartir procesos, reducir complejidad industrial y generar economías de escala que permitan ofrecer vehículos eléctricos más accesibles sin renunciar a la rentabilidad.
La estrategia responde a una realidad que afecta a toda la industria europea. El segmento de acceso es uno de los más difíciles de electrificar porque el coste de las baterías tiene un impacto proporcionalmente mayor sobre el precio final del vehículo. Mientras los SUV o las berlinas de mayor tamaño pueden absorber mejor ese sobrecoste, los modelos urbanos necesitan una estructura industrial extremadamente eficiente para seguir siendo competitivos.
Martorell y Navarra, dos piezas de una misma estrategia
Aunque el protagonismo mediático suele concentrarse en los modelos que llegan al mercado, el verdadero esfuerzo se encuentra detrás de las líneas de producción. En Martorell, SEAT y CUPRA han acometido una transformación industrial respaldada por inversiones superiores a los 3.000 millones de euros para adaptar la planta a la fabricación de vehículos eléctricos. La factoría catalana ya produce el CUPRA Raval y el Volkswagen ID. Polo, dos modelos llamados a desempeñar un papel relevante dentro de sus respectivas marcas.
El proceso también ha sido profundo en Navarra. Entre las actuaciones realizadas destacan la ampliación de la nave de chapistería y la incorporación de una nueva prensa de 2.100 toneladas destinada específicamente a la fabricación de componentes para los nuevos eléctricos. La transformación también ha requerido un importante esfuerzo en formación. Según Volkswagen Navarra, desde enero de 2025 los trabajadores han recibido más de 231.000 horas de formación vinculadas al proceso de electrificación, con una media de 47 horas por empleado y una inversión superior a 2,1 millones de euros.
Una apuesta industrial con mucho impacto
España es actualmente el segundo fabricante de automóviles de Europa y una parte significativa de su tejido industrial depende de la capacidad para atraer nuevos proyectos asociados a la electrificación. Desde el primer momento, la adjudicación de esta familia de vehículos a Martorell y Navarra se tradujo en una señal de confianza hacia las capacidades productivas del país.
La presidenta del Gobierno de Navarra, María Chivite, calificó el inicio de producción del Epiq como un «hito histórico» y lo vinculó directamente al salto definitivo hacia la movilidad eléctrica y al fortalecimiento de la cadena de valor industrial asociada a la automoción.
La lectura industrial es evidente. Cada nuevo modelo eléctrico adjudicado a una planta española ayuda a consolidar empleo, atraer inversiones auxiliares y reforzar una red de proveedores que también necesita adaptarse a la nueva realidad tecnológica del sector. A partir de ahora, el desafío consiste en demostrar que los eléctricos urbanos fabricados en Martorell y Navarra pueden convertirse en una respuesta industrial sólida a uno de los mayores retos que afronta actualmente la automoción europea.
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No era la idea inicial pero las cuatro ruedas se cruzaron en mi camino periodístico y desde entonces no he parado de disfrutar al volante. Enamorado del sonido de algunos motores, hoy por hoy vivo con sorpresa y emoción el camino electrificado que está tomando el sector.















