- El 56% de las compañías prevé incorporar más vehículos eléctricos a sus flotas durante los próximos dos años.
- El 70% de las empresas planea ampliar su infraestructura de carga y nueve de cada diez que ya utilizan vehículos eléctricos disponen de puntos en sus instalaciones.
- El precio de los vehículos, el aumento de la electricidad y la percepción de una infraestructura pública insuficiente continúan ralentizando la electrificación de muchas flotas.
La electrificación de las flotas empresariales se ha presentado en los últimos años como un objetivo a medio plazo. Hoy este panorama ha cambiado de tercio. La cuestión ya no es si las compañías incorporarán vehículos eléctricos, sino a qué velocidad podrán hacerlo y qué inversiones deberán acompañar ese proceso.
El último estudio elaborado por DKV Mobility, a partir de 1.732 entrevistas a gestores de flotas de ocho países europeos, dibuja precisamente ese escenario. Más de la mitad de las empresas consultadas prevé aumentar el número de vehículos eléctricos de batería en los próximos dos años, mientras que los modelos de combustión empiezan a perder protagonismo dentro de los planes de renovación.
La electrificación deja de ser una excepción
Aunque el diésel continúa siendo la tecnología predominante en las flotas corporativas europeas, la presencia de vehículos eléctricos e híbridos enchufables crece de forma constante y empieza a formar parte de la planificación habitual de muchas compañías.
El estudio refleja que el 56% de las empresas tiene previsto incorporar más vehículos eléctricos durante los próximos dos años, frente a un porcentaje mucho menor que contempla reducir su presencia. La tendencia resulta especialmente visible entre las grandes corporaciones y las empresas de transporte, donde la electrificación avanza con mayor rapidez que en las pequeñas organizaciones o en sectores más conservadores.
También aparecen diferencias importantes entre países. Mientras Países Bajos destaca por la elevada presencia de vehículos eléctricos en sus flotas, otros mercados del este de Europa mantienen una dependencia mucho mayor de las mecánicas tradicionales. España se sitúa en una posición intermedia, con una evolución constante pero todavía lejos de los mercados más maduros.
La infraestructura propia se convierte en una prioridad

Uno de los aspectos más interesantes del informe es que la expansión de la movilidad eléctrica ya no depende exclusivamente de la red pública. La mayor parte de las empresas que utilizan vehículos eléctricos ha optado por desarrollar su propia infraestructura de recarga. De hecho, nueve de cada diez compañías con flotas electrificadas disponen ya de puntos de carga en sus instalaciones y el 70% tiene previsto seguir ampliándolos durante los próximos dos años.
Esta estrategia responde a una necesidad práctica. Contar con infraestructura propia permite controlar mejor los costes energéticos, optimizar la disponibilidad de los vehículos y reducir la dependencia de una red pública que muchos gestores consideran todavía insuficiente para un uso intensivo.
La tendencia coincide además con una realidad que también reflejan organismos internacionales. Según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), la mayor parte de las recargas de vehículos eléctricos continúa realizándose en el hogar o en el lugar de trabajo, mientras que la carga rápida pública representa una parte mucho menor del uso habitual.
El precio, el principal desafío
La voluntad de electrificar las flotas convive, sin embargo, con obstáculos que continúan ralentizando esa transformación. Los responsables consultados por DKV Mobility señalan el precio de adquisición de los vehículos, el incremento del coste de la electricidad, la percepción de una autonomía insuficiente y una red pública de recarga todavía mejorable como los principales factores que condicionan sus decisiones de inversión.
No deja de ser una paradoja. Mientras la oferta de vehículos eléctricos crece y los fabricantes amplían sus gamas, muchas empresas consideran que la rentabilidad de la electrificación depende tanto del vehículo como de todo el ecosistema que lo rodea.
El ritmo seguirá siendo desigual y dependerá de factores económicos, regulatorios y tecnológicos. Sin embargo, la dirección parece cada vez más clara. Las compañías ya no discuten si incorporarán vehículos eléctricos, sino cómo hacerlo de una manera eficiente, sostenible y compatible con la actividad diaria.
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No era la idea inicial pero las cuatro ruedas se cruzaron en mi camino periodístico y desde entonces no he parado de disfrutar al volante. Enamorado del sonido de algunos motores, hoy por hoy vivo con sorpresa y emoción el camino electrificado que está tomando el sector.












