- Las compañías españolas prefieren los vehículos eléctricos para fomentar la movilidad eléctrica, ante las dudas que frenan a gran parte de los empleados de sus actuales plantillas.
- El desconocimiento sobre la movilidad eléctrica impide que los trabajadores perciban el ahorro real frente al uso de combustibles fósiles convencionales y el gasto de carburante actual.
- La red de recarga pública de coches eléctricos en España alcanza los 54.794 puntos en mayo
La decimoctava entrega del estudio Arval Mobility Observatory analiza las pautas actuales en el transporte corporativo español. Suss datos muestran una firme apuesta del tejido empresarial por abandonar los carburantes fósiles tradicionales. Actualmente, siete de cada diez flotas ya integran vehículos propulsados por sistemas sostenibles. Esta transición busca reducir el impacto ambiental mediante la electrificación progresiva de los desplazamientos profesionales en España. No obstante, existe un distanciamiento evidente entre los objetivos de sostenibilidad de las direcciones y la percepción de su personal.
El estudio subraya que el 15% de los negocios planea incorporar estas tecnologías durante el próximo trienio. Entre las opciones preferidas, los modelos híbridos lideran con un 57% de aceptación. Los eléctricos puros alcanzan el 50%, mientras que los híbridos enchufables representan el 44% de las previsiones de compra a corto plazo. Pese a este despliegue de medios, la falta de una red de suministro pública eficiente genera inseguridad. Las organizaciones intentan mitigar este problema asumiendo el coste de los puntos de recarga domésticos para sus empleados.
Soluciones de movilidad eléctrica en las empresas
El 100% de las empresas encuestadas afirma poseer o estar diseñando un plan de abastecimiento energético exclusivo. Esta decicisión responde directamente a las carencias del sistema de carga público, en las oficinas y en las viviendas particulares. Para facilitar el cambio, las compañías ofrecen subvenciones directas destinadas a instalar cargadores en los domicilios de sus trabajadores. Se busca así eliminar uno de los muros logísticos que impiden el uso diario de estos automóviles.
A pesar de estos esfuerzos, el rechazo de los conductores particulares resulta llamativo según las cifras del observatorio. Un 77% de los usuarios de flotas asegura que no sustituiría voluntariamente su coche actual por uno de batería. Curiosamente, la experiencia directa parece ser el único factor capaz de modificar esta visión negativa en el grupo. Entre quienes ya han probado un vehículo de estas características, el 41% sí se muestra favorable a realizar el cambio. La prueba del producto se convierte en la herramienta más eficaz para cambiar de opinión.
La brecha existente entre la voluntad corporativa y la realidad del usuario final es el gran reto actual. Las empresas necesitan que su personal acepte estos cambios para cumplir con las normativas de emisiones vigentes. Sin embargo, los trabajadores perciben la tecnología como una imposición que complica su rutina laboral diaria y logística. Las flotas de las empresas se encuentran en una situación de espera ante la evolución de la red externa de carga. Mientras tanto, la inversión privada intenta compensar las deficiencias de los puntos de acceso público en carretera.
El desconocimiento lastra la transición a la movilidad eléctrica
El informe destaca un nivel de desinformación preocupante entre el personal que conduce vehículos eléctricos de empresa habitualmente. El 47% de los encuestados admite ignorar si resulta más económico llenar el depósito de gasolina o cargar el coche. Sólo tres de cada diez profesionales tienen la certeza de que la electricidad es más barata actualmente. Por el contrario, un 14% todavía sostiene que el diésel o la gasolina suponen un menor gasto mensual.
La confusión y las dudas también afectan a algunos conceptos técnicos de carácter básico. El 48% de los conductores confiesa que no comprende cómo funciona la autonomía del coche eléctrico. Además, el 42% desconoce la capacidad real de almacenamiento de los acumuladores que deben utilizar en sus rutas. Respecto a la infraestructura de conexión, el 36% ignora las diferencias entre los distintos estándares de cargadores existentes.
El estudio señala que gran parte del temor proviene de no saber gestionar la autonomía disponible. Sin conocimientos sobre los tiempos de conexión, los empleados temen quedarse parados durante su jornada laboral ordinaria. Esta ignorancia sobre el funcionamiento básico del sistema eléctrico genera un estrés adicional que resulta totalmente innecesario. Las empresas deben redoblar sus esfuerzos para que la inversión tecnológica sea realmente útil y aceptada.
La desesperación por el tiempo de recarga
El tiempo de espera para cargar el vehículo eléctrico es el factor crítico que determina el éxito de la logística empresarial. Según el Arval Mobility Observatory, el 38% de los trabajadores rechaza cualquier parada para cargar que supere los 24 minutos. Si la carga tarda más de ese intervalo, consideran que su ruta profesional deja de ser viable.
Según el estudio, las empresas exigen una red de abastecimiento que se adapte a los ritmos del mercado laboral actual. La mayoría de los puntos de suministro existentes en España no cumplen con estas expectativas de velocidad mínima. Por ello, las compañías están priorizando la instalación de equipos rápidos en sus propias sedes centrales de trabajo. El objetivo es que el vehículo esté siempre listo para salir sin demoras imprevistas que retrasen entregas. Queda muy claro que el futuro del transporte de las flotas de empresa pasa necesariamente por convencer a sus trabajadores mediante hechos.
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Soy una periodista madrileña con más de 25 años de experiencia. Cursé los estudios de periodismo en el Centro de Estudios Universitarios San Pablo CEU. A lo largo de mi trayectoria profesional he trabajado en medios como Motor 16, Km77, Car & Driver o Quad & Jet, y he colaborado con departamentos de prensa como el de BMW.












