- Las acciones de Ferrari llegaron a caer cerca de un 8% tras la presentación oficial del Luce.
- Parte de las críticas se centran en un diseño que muchos consideran alejado de la identidad tradicional de Ferrari.
- Así es el Luce, el primer coche eléctrico de Ferrari, con 1.050 CV y diseñado por LoveFrom
Hay veces en las que un coche provoca discusión incluso antes de que se conozcan sus cifras técnicas. El nuevo Ferrari Luce pertenece claramente a esa categoría. Desde las primeras imágenes difundidas ayer por la marca italiana, buena parte de la conversación dejó de girar alrededor de su potencia, de su batería o de su tecnología para centrarse en algo mucho más delicado tratándose de Ferrari: si realmente parece un Ferrari.
La polémica estética alrededor del Luce, el primer modelo 100% eléctrico de producción de Maranello, ha terminado convirtiéndose en uno de los estrenos más incómodos que se recuerdan para la firma italiana en los últimos años. Y el mercado no ha tardado en reaccionar. Tras su presentación oficial, las acciones de Ferrari llegaron a desplomarse cerca de un 8% en la Bolsa de Milán, reflejando las dudas de parte de los inversores sobre el rumbo que está tomando la marca en plena transición eléctrica.
La reacción no responde únicamente al hecho de que Ferrari haya lanzado un coche eléctrico. El verdadero problema parece haber sido la percepción de que el Luce rompe demasiado con algunos de los códigos históricos que tradicionalmente definían a la compañía. Porque el coche presentado en Roma poco tiene que ver visualmente con la idea clásica de Ferrari que muchos aficionados tenían en mente.
Un Ferrari muy distinto a cualquier Ferrari
El Luce ha sido descrito como una mezcla entre berlina, shooting brake y crossover de lujo. Se trata además de un modelo de cinco puertas y cinco plazas, algo ya de por sí poco habitual dentro de Ferrari, aunque el Purosangue hubiera abierto parcialmente ese camino.
Sin embargo, lo que realmente ha generado división ha sido el diseño exterior. Las proporciones elevadas, la línea de techo larga, el tratamiento de la carrocería y una estética bastante minimalista para los estándares de Maranello han provocado una avalancha inmediata de comentarios en redes sociales y medios especializados.
Algunos usuarios llegaron a comparar el coche con modelos mucho más generalistas como el Leaf y otros criticaron que el Luce pareciera más un gran eléctrico premium tecnológico que un Ferrari emocional y reconocible. El tono jocoso lo han dado los que lo han comparado con el coche que Homer Simpson desarrolló para su hermano gemelo, provocando la quiebra de su compañía.
La polémica ha sido especialmente intensa porque Ferrari siempre ha construido buena parte de su valor precisamente sobre una identidad muy clara. Sus coches podían evolucionar, pero seguían transmitiendo una determinada idea de deportividad italiana, de teatralidad mecánica y de diseño emocional que ahora muchos sienten menos presente en este modelo. El problema no es que el Luce sea eléctrico, sino que para parte del público parece dejar de comportarse visualmente como un Ferrari tradicional.
La caída bursátil refleja algo más profundo
La reacción de los mercados tampoco parece responder únicamente al diseño. Ferrari es probablemente una de las marcas automovilísticas más delicadas del mundo desde el punto de vista de posicionamiento. Su enorme rentabilidad depende precisamente de mantener una imagen extremadamente exclusiva, aspiracional y emocional. Por eso, cualquier movimiento que genere dudas sobre su identidad tiene un impacto especialmente sensible entre los inversores.
Tras la presentación del Luce, las acciones de Ferrari llegaron a caer un 8,4% en Milán y más de un 5% en Nueva York antes de moderar parcialmente las pérdidas. El mercado parece interpretar que Ferrari afronta ahora uno de los mayores desafíos de su historia reciente: electrificarse sin perder aquello que la convierte en Ferrari.
Mientras otras marcas premium pueden permitirse reinterpretar su identidad con mayor flexibilidad, Ferrari vive mucho más condicionada por el componente emocional de sus motores, por el sonido mecánico y por una determinada forma de entender el automóvil deportivo.
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No era la idea inicial pero las cuatro ruedas se cruzaron en mi camino periodístico y desde entonces no he parado de disfrutar al volante. Enamorado del sonido de algunos motores, hoy por hoy vivo con sorpresa y emoción el camino electrificado que está tomando el sector.














