- El recorrido enlazó Marrakech, el puerto de Tizi N’Tichka, Ait Ben Haddou, Mhamid, Erg Lihoudi y el valle de Ait Bou Ghamez.
- El EBRO s900 PHEV combina 428 CV, tracción total, siete plazas y hasta 140 kilómetros de autonomía eléctrica.
- La suavidad del sistema híbrido, el aislamiento y el confort de los asientos fueron más importantes que las prestaciones durante las largas jornadas.
Marruecos no concede demasiado tiempo para acostumbrarse a un paisaje. El tráfico de Marrakech queda atrás y, antes de que uno haya terminado de ordenar las primeras impresiones del viaje, la carretera ya discurre entre olivares, pueblos construidos con barro y montañas que ocupan todo el parabrisas. Más adelante aparecerán kasbahs, palmerales, pistas de piedra, dunas y puertos situados cerca de los 3.000 metros.
Hemos recorrido más de 1.000 kilómetros durante tres días con un modelo que ya nos dejó impresionados en su toma de contacto, el EBRO s900 PHEV que era el gran protagonista de este Grand Tour de Marruecos. La ruta se adentraba en zonas donde la recarga pública apenas entra en la conversación y donde el próximo punto habitado puede quedar bastante lejos. Un escenario especialmente apropiado para comprobar qué ofrece un híbrido enchufable cuando el viaje deja de parecerse a una prueba convencional.
Por recordarte, el s900 es el buque insignia de la nueva EBRO: mide 4,81 metros, dispone de siete plazas y utiliza un sistema formado por un motor de gasolina 1.5 TGDI y tres unidades eléctricas. En conjunto entrega 428 CV, cuenta con tracción total y equipa una batería de 34,5 kWh, con la que homologa 140 kilómetros eléctricos y hasta 1.050 kilómetros de autonomía combinada. Son cifras importantes, aunque en Marruecos se diluyen frente a la carreteras.
De Marrakech al paso de las antiguas caravanas
El punto de partida está en Casa Abracadabra, a las afueras de Marrakech. La calma dura hasta que el convoy se incorpora al tráfico, una mezcla aparentemente desordenada de motocicletas, taxis, peatones, furgonetas y pequeños camiones. Todo parece moverse a la vez y, de algún modo, todo termina encontrando su sitio. La ciudad desaparece pronto. Delante comienza a dibujarse el Atlas y la carretera se dirige hacia el Tizi N’Tichka, el paso que durante siglos utilizaron las caravanas para unir Marrakech con el sur del país. Las rectas dejan paso a curvas enlazadas, cambios de firme y aldeas de adobe levantadas en las laderas.
El s900 tiene potencia para subir con bastante más rapidez de la que permiten la carretera, los controles de velocidad y el propio paisaje. En el modo Sport, la respuesta de los motores eléctricos es inmediata y los adelantamientos se resuelven sin esfuerzo, pero el puerto no invita a buscar cronómetros. Pide levantar el pie y mirar hacia fuera. En estas primeras horas aparece una de las cualidades que acompañará todo el recorrido: la tranquilidad con la que el coche acumula kilómetros. La suspensión filtra bien las irregularidades y el aislamiento mantiene lejos buena parte del ruido exterior. Es un SUV grande y pesado, pero no transmite la sensación de estar peleando constantemente con su volumen.
La parada en lo alto del puerto reúne vendedores, puestos de artesanía y miradores desde los que la carretera parece una línea estrecha dibujada sobre la montaña. El café se alarga algo más de lo previsto. Nadie tiene demasiada prisa.
Telouet, Ait Ben Haddou y la carretera hacia el sur
El descenso nos lleva hasta Telouet, donde los restos de la antigua kasbah recuerdan el poder que la familia Glaoui ejerció sobre estas rutas. Después aparece Ait Ben Haddou, uno de los lugares más reconocibles del país, aunque recorrer sus calles cuando apenas hay visitantes permite verlo lejos de la imagen cinematográfica. El ksar ha servido como escenario para producciones como Gladiator, Lawrence de Arabia o Juego de Tronos. A esas horas predominan el barro, el viento y un silencio difícil de encontrar en los lugares más turísticos de Marrakech.
La carretera vuelve a cambiar después de la visita. El sistema híbrido del EBRO alterna la parte eléctrica y el motor de gasolina sin llamar la atención. El conductor no necesita decidir continuamente qué mecánica debe trabajar. Hay empuje al salir de las curvas, suavidad en los pueblos y autonomía suficiente para continuar hacia el sur sin adaptar el itinerario a un cargador.
La batería permite recorrer en España una parte importante de la semana sin utilizar gasolina si se carga con frecuencia. En Marruecos cumple otra función. Aporta respuesta, silencio y apoyo al motor térmico, mientras este garantiza que una etapa de varios cientos de kilómetros no dependa de una infraestructura que fuera de las grandes ciudades sigue siendo escasa. La primera jornada termina en Mhamid, donde el asfalto empieza a mezclarse con la arena. Una tormenta cubre el cielo antes de llegar al hotel y convierte los últimos kilómetros en una entrada bastante más dramática de lo esperado. En el Sbai Palace nos recibe Mohamed, conocido como Ali, mientras el viento sigue golpeando el exterior.
El desierto no aparece de golpe
A la mañana siguiente, la carretera sale de Mhamid atravesando una planicie inmensa. Al principio todavía quedan palmerales, huertas pequeñas y viviendas de adobe. Después, cada elemento va desapareciendo hasta que solo permanecen la piedra, el cielo y una línea de asfalto trazada sobre el terreno. Antes de alcanzar las dunas paramos en Oulad Driss, un antiguo ksar construido para soportar el calor extremo. Las calles estrechas apenas dejan entrar la luz y los vecinos preparan una celebración que coincide con nuestra visita. La vida transcurre al margen del ritmo del convoy.
En Tamegroute, conocida por su cerámica verde, los hornos están apagados por la festividad. Uno de los artesanos nos explica el proceso mientras recoge del suelo una pieza descartada que, vista desde fuera, sigue pareciendo perfectamente aprovechable. La conversación dura más que la visita prevista. Las primeras dunas de Erg Lihoudi aparecen después de varios kilómetros de pista. El s900 activa los modos Sand y Off-Road y avanza sobre tierra compactada, piedras y pequeñas acumulaciones de arena. La tracción total distribuye la fuerza sin brusquedad y la suspensión consigue que dentro se perciba bastante menos de lo que está ocurriendo bajo las ruedas.
Los neumáticos Michelin e.Primacy de 20 pulgadas no son específicos para el desierto y dejan claro que no estamos ante un todoterreno preparado para atacar dunas profundas. Tampoco hace falta. El coche llega sin dificultad hasta el punto previsto y allí termina su trabajo. El resto se lo dejo a mis piernas. Subir una duna bajo el sol resulta bastante más duro de lo que parece desde abajo. Los pies se hunden, la arena se cuela dentro del calzado y cada paso exige más esfuerzo que el anterior. Desde la parte alta, el convoy parece minúsculo. El silencio cambia la escala de todo lo que queda a la vista.
Confort ante todo
Regresamos a la carretera para comer en la Kasbah Sirocco, en Zagora, y continuar después hacia Boumalne Dades. Es una de las jornadas más largas y también la que mejor explica el planteamiento del s900. Los asientos ventilados y la función de masaje podrían parecer dos elementos destinados a engordar la lista de equipamiento. Después de varias horas, con temperaturas altas y cientos de kilómetros por delante, se convierten en algo bastante menos superficial.
El habitáculo ofrece espacio de sobra en las dos primeras filas y una tercera más adecuada para niños o para trayectos cortos. El interior está bien rematado, aunque la pantalla central de 15,6 pulgadas concentra demasiadas funciones y obliga a dedicarle más atención de la deseable. En marcha, la impresión dominante sigue siendo el confort. Los 428 CV están disponibles, pero rara vez hace falta utilizarlos por completo. El coche encaja mejor en un ritmo constante, aprovechando el empuje eléctrico para adelantar y dejando que el sistema híbrido decida cómo administrar la batería.
Del Sáhara a las montañas en apenas unas horas
La última etapa devuelve el recorrido al Atlas. El valle del Draa queda atrás y el paisaje mineral del Jbel Saghro sustituye a la arena. Las carreteras vuelven a estrecharse, aparecen curvas cerradas y los tiempos del navegador dejan claro que aquí la distancia se mide de otra manera. En uno de los tramos, cubrir apenas 3,9 kilómetros exige cerca de 40 minutos.
El peso y el tamaño del s900 se perciben más al enlazar curvas, pero el coche no intenta fingir que es un deportivo. La dirección resulta suave, la carrocería se mueve con cierta amplitud y la suspensión mantiene su compromiso con los pasajeros. La potencia sirve para ganar velocidad cuando aparece un claro, no para convertir la subida en un tramo de rally.
Al alcanzar Ait Bou Ghamez, a casi 3.000 metros, resulta extraño pensar que unas horas antes estábamos caminando sobre las dunas. En el llamado Valle Feliz vuelven los cultivos, el agua y las aldeas de montaña. Algunas cumbres conservan manchas de nieve y las construcciones ya responden a inviernos duros, no al calor del desierto. Marruecos ha vuelto a cambiar sin avisarnos.
Regreso al ruido de Marrakech
La entrada en Marrakech devuelve las motocicletas, los cláxones y el movimiento constante. Jemaa el Fna está llena de músicos, vendedores, puestos de comida y turistas. Después de tres días de carreteras casi vacías, el ruido parece mayor de lo que recordábamos. El recorrido ha pasado por puertos de montaña, kasbahs, oasis, pistas, dunas y pueblos donde el tiempo parece tener otro ritmo. El EBRO s900 PHEV no ha sido el protagonista absoluto de la historia, y quizá esa sea una de las mejores conclusiones que puede dejar un coche de viaje.
Ha transportado a sus ocupantes con comodidad, ha afrontado pistas sin complicaciones y ha permitido enlazar más de mil kilómetros sin convertir la energía en una preocupación. En ciudad podría utilizar buena parte de sus 140 kilómetros eléctricos; aquí, su sistema híbrido ha servido para recorrer un país donde las distancias son largas y los cargadores todavía no forman parte habitual del paisaje. Al final, recordamos mejor la carretera hacia el Tizi N’Tichka, el silencio de Erg Lihoudi o las montañas de Ait Bou Ghamez que la aceleración de 0 a 100 km/h. El s900 cumplió precisamente porque dejó que Marruecos se quedara con el viaje.
Galería de imágenes del Ebro Gran Tour Marruecos 2026
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No era la idea inicial pero las cuatro ruedas se cruzaron en mi camino periodístico y desde entonces no he parado de disfrutar al volante. Enamorado del sonido de algunos motores, hoy por hoy vivo con sorpresa y emoción el camino electrificado que está tomando el sector.




















