- Las necesidades de inversión en las redes europeas asociadas al crecimiento del vehículo eléctrico alcanzarían 700 millones de euros hasta 2030 si únicamente se recurre a refuerzos físicos.
- Aplicar sistemas de gestión inteligente de la recarga reduciría esa cifra hasta 100 millones, un ahorro de 10.600 millones o aproximadamente el 43%.
- Casi el 78% de la inversión física necesaria se concentra en las redes de baja tensión, precisamente donde se conecta buena parte de la recarga doméstica.
La popularización del vehículo eléctrico ha tenido muchos impactos. Uno de ellos es el hecho de que todos esos millones de coches eléctricos obligará a reforzar las redes de distribución europeas durante los próximos años. Sin embargo, el problema no está únicamente en cuánta electricidad consumirán, sino en qué momento lo harán.
Si una parte importante de esos vehículos comienza a cargarse simultáneamente al final de la jornada, el aumento puntual de potencia puede obligar a sobredimensionar líneas y transformadores que durante buena parte del día tendrán capacidad disponible. Gestionar esa demanda de otra manera permitiría ahorrar miles de millones.
Es la principal conclusión de Electricity Grids in Europe, un estudio encargado por EIT Urban Mobility, ChargeUp Europe y ACEA y elaborado por Siemens. El trabajo modeliza el crecimiento del vehículo eléctrico en 64 áreas urbanas de los 27 países de la Unión Europea, además de Noruega, Islandia y Liechtenstein, para calcular qué refuerzos necesitarán las redes de distribución hasta 2030. En el escenario convencional, basado fundamentalmente en ampliar físicamente la infraestructura para responder a los nuevos picos de demanda, serían necesarios alrededor de 24.700 millones de euros.
La cifra cambia de manera considerable cuando se introduce el denominado EV Load Management, o lo que es lo mismo, la gestión de carga del vehículo eléctrico. Siemens calcula que combinando digitalización de la red con el control prácticamente en tiempo real de la potencia de recarga, las necesidades de inversión bajarían hasta 14.100 millones de euros. Son 10.600 millones menos, una reducción cercana al 43%.
El problema no es el consumo
La recarga inteligente permite que el operador conozca la capacidad disponible y ajuste temporalmente la potencia de determinados vehículos para evitar que todos consuman al máximo durante el mismo periodo. El propietario sigue cargando el coche, pero el sistema puede desplazar una parte de ese consumo hacia momentos en los que la red está menos saturada.
El informe calcula que esa gestión permitiría disponer de alrededor de un 20% más de capacidad para integrar nueva demanda en determinados tramos de baja tensión antes de alcanzar su límite operativo. La reducción estimada de inversión es similar en los distintos niveles de la red: un 44% en baja y media tensión y un 46% en alta.
En las 64 ciudades estudiadas, el número de BEV se multiplicaría por 3,8 de media de aquí a 2030, y Siemens concluye que todas necesitarán algún tipo de refuerzo de sus redes de distribución. En España, el modelo contempla que los eléctricos puros pasen a representar aproximadamente el 4,5% del parque de turismos en 2030, frente al 15,7% previsto para Alemania o el 27,3% de Suecia.
Las diferencias entre países son grandes, pero el problema se repite: la red tiene que estar preparada para soportar el momento de máxima demanda, aunque esa situación solo se produzca durante unas pocas horas. De hecho, el estudio estima que uno de cada diez kilómetros de la red europea de baja tensión podría superar su capacidad durante los picos provocados por la recarga de eléctricos en 2030 si no se realizan refuerzos ni se gestiona la demanda.
La recarga doméstica será la que concentre más energía

La red de baja tensión será precisamente la que necesite mayor atención. Según los cálculos del informe, el 77,7% de toda la inversión necesaria para reforzar físicamente la red correspondería a este nivel, unos 19.200 millones de los 24.700 millones previstos en el escenario convencional. La media tensión absorbería aproximadamente 3.000 millones y la alta tensión, otros 2.500 millones.
La razón está en los hábitos de carga. Siemens calcula que el 38,6% de toda la demanda eléctrica asociada a la recarga procederá de los hogares, por delante de la recarga durante los desplazamientos, que supondrá un 27,3%. Los depósitos de vehículos comerciales representarán un 12,6%, los cargadores públicos urbanos un 11,3% y los centros de trabajo alrededor del 10,2%.
Además, entre el 55% y el 62% de los propietarios de eléctricos de las seis ciudades utilizadas como referencia —entre ellas Barcelona— dispondrían de acceso a recarga residencial en 2030. Esto explica por qué el despliegue del coche eléctrico deberá coordinarse cada vez más con las redes locales y no únicamente con la instalación de cargadores rápidos en carretera.
Los vehículos comerciales introducen otro reto. La electrificación de las flotas obligará a proporcionar grandes cantidades de potencia en bases logísticas donde muchos vehículos pueden regresar y conectarse prácticamente al mismo tiempo. La gestión de esas cargas será especialmente importante para evitar refuerzos sobredimensionados.
Ojo con los cargadores inteligentes
El informe señala, sin embargo, un problema que hasta ahora ha quedado en un segundo plano. Europa ya ha legislado para que la nueva infraestructura incorpore capacidades de recarga inteligente, principalmente a través del reglamento AFIR y la Directiva de Energías Renovables RED III, pero instalar equipos capaces de comunicarse con la red no garantiza que esa capacidad se utilice.
La conclusión de Siemens es bastante clara: un cargador técnicamente inteligente que no está siendo gestionado aporta un beneficio nulo a la red. Para controlar la demanda es necesario disponer también de medición en tiempo real, comunicaciones, software, acceso a la información de la red y reglas que permitan actuar sobre las potencias de carga.
Y ahí Europa todavía tiene trabajo pendiente. Entre los cinco países examinados específicamente en este apartado (Alemania, Países Bajos, Noruega, Polonia e Italia) solo uno de cada cinco dispone actualmente de los cuatro elementos básicos identificados por el estudio: equipos de consumo controlables, despliegue de contadores inteligentes, una estrategia nacional de digitalización y un sistema regulatorio que incentive económicamente esas inversiones.
Existe además una barrera económica. La regulación de muchos operadores de distribución remunera las inversiones realizadas en activos físicos (líneas, transformadores o subestaciones), pero no siempre trata de la misma manera el gasto en software, comunicaciones y sistemas de control. El resultado puede ser paradójico: ampliar físicamente una red puede resultar económicamente más atractivo para el operador que utilizar mejor la infraestructura que ya existe, incluso cuando esta segunda opción es más barata para el conjunto del sistema.
Digitalizar antes de construir más

El estudio propone por ello actuar primero sobre la infraestructura que ya existe. Entre las recomendaciones figura alcanzar una cobertura de contadores inteligentes de al menos el 80% en 2028, desplegar sistemas de medición en las subestaciones de zonas donde el eléctrico supere el 10% del parque y conseguir que los operadores puedan gestionar la recarga de manera efectiva también antes de esa fecha.
A más largo plazo aparece el V2G (Vehicle-to-Grid), que permitiría utilizar las baterías de los coches no solo para desplazar la recarga, sino también para devolver temporalmente electricidad a la red. Siemens considera 2030 un horizonte razonable para disponer de un marco europeo que permita aprovechar comercialmente esta tecnología, aunque antes será necesario solucionar cuestiones como la doble fiscalidad de la energía bidireccional, la interoperabilidad y la participación de pequeños usuarios en los mercados de flexibilidad.
Para la expansión del coche eléctrico, el mensaje es bastante concreto: no basta con instalar más puntos de recarga. También hay que conseguir que esos puntos sepan cuándo la red puede entregarles la electricidad sin necesidad de reforzarla innecesariamente. Esa coordinación puede ser tan importante para acelerar la movilidad eléctrica como aumentar el número de cargadores.
Te puede interesar…
- No tienen fin: este es el brutal número de estaciones Flash Charger ultrarrápidas que BYD ya tiene funcionando en China
- AEDIVE entrega al Gobierno su decálogo clave para consolidar el mercado y la industria de la recarga eléctrica en España
- ¿Cuánto te ahorras realmente con un coche eléctrico? Las cifras que demuestran un ahorro del 91% al viajar
No era la idea inicial pero las cuatro ruedas se cruzaron en mi camino periodístico y desde entonces no he parado de disfrutar al volante. Enamorado del sonido de algunos motores, hoy por hoy vivo con sorpresa y emoción el camino electrificado que está tomando el sector.
















