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Gravemente afectados por la escasez de chips y el aumento de los precios de las materias primas, los fabricantes de automóviles en China se enfrentan ahora a una nueva amenaza: las cuarentenas por brotes de COVID-19 en algunas de las ciudades más grandes del país. Según Bloomberg, más de 71 millones se ven afectadas en China como consecuencia de los cierres.

En este sentido, Toyota y Volkswwagen han tenido que suspender la producción en cuatro plantas en Changchun por más de dos semanas. La ciudad, situada a 950 kilómetros de Pekín, ha establecido un cierre perimetral para contener un brote de COVID-19. Por el momento, no se sabe cuando podrán regresar los trabajadores. Estos cierres se suman al que ya se produjo en enero en Tianjin y que tuvo una duración de dos semanas.

La amenaza planteada por el COVID se intensificó esta semana cuando Shanghai, la capital financiera de China, estableció un cierre perimetral para frenar el aumento de infecciones. Esta acción obligó a Tesla a suspender la producción en su Gigafactory durante al menos cuatro días. Hino Motors, la unidad de camiones y autobuses de Toyota, también se ha visto obligada a suspender su producción en la ciudad.

Las consecuencias de los cierres temporales en China

China es una potencia de manufacturación para muchas industrias, pero es realmente clave para las cadenas de suministro de automoción. No en vano, China produce cerca de 25 millones de automóviles de forma anual, lo que supone un tercio de la fabricación mundial. De igual manera, el gigante asiático produce una gran parte de los componentes que se necesitan en la fabricación de vehículos.

De continuar la política restrictiva para frenar el COVID-19, la producción mundial de vehículos podría descender en un 2% en 2022, lo que supondría la pérdida de 1,5 millones de unidades.

Carl Weinberg, jefe de economía de High Frequency Economics, consultora estadounidense de investigación económica, asegura: “Salvo una guerra nuclear, no podemos imaginar un riesgo más grande para la economía global que el cierra de la producción industrial en China por brotes de COVID-19”.

Las interrupciones se producen en un momento en que la industria también está bajo presión en numerosos frentes, desde la invasión rusa de Ucrania, que elevó los precios de los productos básicos, hasta la persistente escasez de semiconductores, que ha agotado los tiempos de espera para las compras de automóviles nuevos en todo el mundo.

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