Un reciente estudio afirma que en 2030 serán necesarios en Europa 2,8 millones de cargadores para poder alimentar a todos los coches eléctricos que se espera estén para entonces en circulación. La tecnología está preparada, las empresas apuestan firme por el compromiso, pero surge un problema: ¿hay espacio en las ciudades para tantos puntos de carga?

Para garantizar la movilidad eléctrica fuera y dentro de las ciudades es importante garantizar la presencia de cargadores pero, al mismo tiempo, es importante que estos sean amigables con el entorno urbano.

Son varias las soluciones que surgen y de las que hemos hablado en las últimas semanas:

  • aprovechar las farolas. Electric Avenue W9 es la primera calle del mundo donde cada farola es un punto de carga para coches eléctricos. Es también el resultado del trabajo conjunto de Siemens y la start up especializada en procesos de carga Urbitricy.
    Los puntos de carga en las farolas cuentan con un cable de carga inteligente integrado (el llamado SmartCable, que se puede instalar incluso en bolardos), combina la tecnología para proporcionar lecturas de electricidad medidas según kWh y facturación mensual exacta para todas las cargas a través de redes locales.Los conductores también pueden usar cables de carga estándar utilizando la aplicación móvil a través de un código QR en cada poste de luz. Un solución idónea para aquellos residentes que no cuentan con garaje propio en el que poder instalar un punto de recarga.
  • puntos de carga retráctiles, es decir, que aparecen cuando se necesitan y se esconden cuando no están en uso.
    Este invento también ha sido puesto a prueba en Londres. En las calles de Oxford han puesto en funcionamiento seis cargadores para comprobar la viabilidad de puntos de carga que emergen del suelo cuando el conductor los necesita para cargar las baterías y vuelven a esconderse una vez han cumplido su función.

Puntos de carga de ‘quita y pon’

La tercera solución para que los cargadores no resten espacio a las aceras llega de mano de la empresa Trojan Energy.

Su idea se puede resumir en dos partes:

  • la instalación se realiza bajo la acera y queda a ras de esta de manera que no supone ningún obstáculo ni para peatones, ni para vehículos
  • el conductor lleva su propio cargador que conecta a esta instalación cuando quiere efectuar una carga y retira una vez ha terminado

El sistema se integra en el suelo y, cuando se quiera recargar, el conductor colocará en el conector el enganche y el cable.

En principio, la empresa anuncia que se pueden ofrecer hasta 22 kW de potencia y se podrá desconectar cuando se desee. Además de evitar que los puntos de carga se conviertan en obstáculos en las aceras, este novedoso sistema puede propiciar cargas más frecuentes: “el conductor podría ir conectándolo cada vez que parase a hacer un recado o tomar un café, por ejemplo”, dicen sus creadores.

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