- El nuevo sistema de créditos verdes ignora a los microcoches eléctricos, impidiéndoles vender sus cuotas de emisiones a otras empresas.
- La marca Microlino denuncia que la normativa actual genera una desigualdad económica que perjudica a los microcoches eléctricos fabricados en suelo europeo.
- La nueva versión del Microlino, una alternativa para los que huyen de los SUV eléctricos
Algo huele a quemado en los despachos de Bruselas. Mientras el discurso oficial pide a gritos ciudades sin humos y coches que no ocupen media calle, las leyes parecen redactadas por quienes fabrican tanques con batería. La reciente propuesta para regular las emisiones de las flotas ha levantado ampollas en el sector de la movilidad eléctrica. Resulta que si haces un coche pequeño, ligero y que gasta lo mínimo, Europa decide que no eres lo suficientemente apto para recibir premios económicos.
La situación ha llegado a un punto crítico para firmas como la marca Microlino. Su apuesta por un transporte lógico se topa con un muro burocrático que prioriza a los gigantes del motor tradicional. Al crear categorías a medida para coches convencionales electrificados, se ha dejado en el olvido a quienes ya ofrecían soluciones reales. Se trata de una contradicción que pone en duda lo que busca realmente la Comisión Europea con su transición.
El agravio de Bruselas contra los microcoches eléctricos
El esquema de los créditos verdes es el motor financiero oculto tras la electrificación. Funciona de forma sencilla: quien contamina poco vende sus derechos a quien contamina mucho. Sin embargo, la administración europea ha decidido que los microcoches eléctricos de la clase L7e no entren en este mercado de intercambio. Esto significa que un fabricante que sólo produce vehículos limpios se queda sin una fuente de ingresos que sus competidores más grandes sí aprovechan.
La aparición de la categoría M1e es la gota que colma el vaso para el sector. Este espacio se ha diseñado para turismos de menos de cuatro metros y veinte centímetros, otorgándoles beneficios especiales en el recuento de emisiones. El problema es que los microcoches eléctricos son todavía más pequeños y eficientes, pero al no encajar en esa definición específica, pierden cualquier posibilidad de obtener compensaciones. Es un castigo directo a la eficiencia por ser excesiva.
Esta decisión regulatoria facilita que los grupos automovilísticos tradicionales sigan vendiendo motores de gasolina compensándolos con coches eléctricos pesados. Mientras tanto, los vehículos que de verdad reducen el consumo de materias primas y energía quedan apartados del sistema de «pooling». La queja de Microlino es directa: se está construyendo un marco que protege a los de siempre y frena a quienes proponen un cambio en la forma de movernos.
Un golpe a la industria de los microcoches eléctricos
La fabricación de estos vehículos es una actividad industrial a tener en cuenta en el continente europeo. Microlino fabrica sus unidades en Turín, empleando a decenas de especialistas en una planta que utiliza energía solar para sus procesos. Han destinado una cantidad superior a los cien millones de euros sólo en territorio italiano para sacar adelante este proyecto. Si las leyes no cambian, este esfuerzo económico y laboral se encuentra en una situación de vulnerabilidad.
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El desequilibrio en las ayudas es tan grande que afecta al precio final que paga el usuario. En varios países, los compradores de turismos eléctricos reciben cheques directos o rebajas fiscales importantes, algo que no sucede con los microcoches eléctricos. Esto crea una distorsión en el mercado donde un coche más pesado y menos sostenible puede acabar pareciendo más atractivo por las subvenciones. Es una paradoja que atenta contra los principios de la economía circular.
Wim Ouboter, responsable de la marca Microlino, ha sido tajante al respecto sobre esta desigualdad de condiciones. Asegura que sus clientes no perciben ningún tipo de apoyo estatal, mientras que quienes compran todoterrenos eléctricos masivos disfrutan de todas las ventajas. “Los microcoches están clasificados como vehículos L7e y, por lo tanto, no se benefician de ningún incentivo. Esto significa que no recibimos subvenciones, ventajas fiscales ni créditos de CO₂. Es importante comprender que, mientras los conductores de SUV eléctricos pesados o vehículos de lujo disfrutan de beneficios fiscales, los compradores de Microlino no reciben nada”.
Seguridad y tecnología en los microcoches eléctricos
Existe una idea equivocada sobre lo que ofrece un vehículo de estas dimensiones en términos de protección. A diferencia de otros modelos del sector que usan plásticos y barras simples, esta propuesta italiana utiliza un chasis monocasco de acero y aluminio. Esta estructura es idéntica a la que encontraríamos en un automóvil de gran tamaño, proporcionando una rigidez que no tiene rival en su segmento.
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La construcción de estos microcoches eléctricos busca alargar la vida útil del producto mediante materiales de alta resistencia. Al usar un cincuenta por ciento menos de piezas que un coche normal, el mantenimiento se simplifica y el desgaste es mucho menor. Además, la mayoría de los componentes tienen sello europeo, lo que garantiza una trazabilidad y calidad superior. Es una ingeniería pensada para durar muchos años, manteniendo un valor de reventa elevado y unas prestaciones constantes.
Con una longitud de apenas dos metros y medio, el aprovechamiento del espacio interior es sorprendente. Cuenta con un maletero de doscientos treinta litros y capacidad para dos ocupantes, moviéndose con agilidad hasta los noventa kilómetros por hora. Su acceso por la puerta delantera es su rasgo más distinto, permitiendo aparcar de frente a la acera y bajar directamente a la zona peatonal. Es, en esencia, la herramienta definitiva para los trayectos diarios por la ciudad.
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Soy una periodista madrileña con más de 25 años de experiencia. Cursé los estudios de periodismo en el Centro de Estudios Universitarios San Pablo CEU. A lo largo de mi trayectoria profesional he trabajado en medios como Motor 16, Km77, Car & Driver o Quad & Jet, y he colaborado con departamentos de prensa como el de BMW.














