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La normativa de reciclaje de baterías en China establece un control digital que vigila el ciclo de vida completo de los componentes químicos desde su salida de la fábrica.
- El gobierno chino prohibirá separar la fuente de energía del vehículo durante el proceso de desguace para asegurar que el material regrese al circuito.
- El reciclaje de baterías, pilar fundamental para la sostenibilidad de la movilidad eléctrica
China ha decidido poner fin a la incertidumbre que rodeaba a los componentes energéticos de los coches eléctricos chinos tras su uso. Hasta el momento, este terreno era pantanoso debido a la ausencia de las infraestructuras adecuadas y al peligro constante de los incendios accidentales. Además, el elevado desembolso económico que suponía desarmar estas piezas, por culpa de unos diseños que no seguían un patrón común, dificultaba enormemente la tarea de recuperar materiales valiosos.
Ahora, el Ministerio de Industria y Tecnologías de la Información ha lanzado las “Medidas Provisionales para la Gestión del Reciclaje y el Aprovechamiento Integral de las Baterías de Potencia Retiradas de los Vehículos de Nueva Energía (NEV)”. Este conjunto de reglas empezará a aplicarse el primer día de abril. El objetivo central de la administración es monitorizar cada movimiento de estos dispositivos, garantizando que el residuo químico reciba un tratamiento controlado por las autoridades competentes.
Normas de reciclaje de baterías en China
El volumen de basura tecnológica que se avecina es enorme y requiere una estructura sólida de gestión. Se calcula que para el año 2030, la masa de componentes desechados rozará el millón de toneladas métricas en suelo chino. El negocio que rodea a esta actividad ya mueve cifras sorprendentes, alcanzando el año pasado un valor cercano a los 78.000 millones de dólares. Por ello, el Estado busca ahora profesionalizar cada eslabón de la cadena mediante un comité técnico.
Una de las pautas más llamativas de este reglamento obliga a que la batería no se separe del chasis cuando el coche sea enviado a achatarrar. Esta decisión busca evitar el extravío de celdas que acaban en mercados secundarios sin supervisión legal. La intención es que los reguladores tengan la capacidad de saber exactamente dónde está cada unidad. La actividad de recuperación requiere una inversión de capital constante.
Actualmente, el país asiático ya lidera la eficacia en la recuperación de minerales críticos. Diversas compañías chinas han logrado extraer hasta el 96,5% del litio presente en las unidades viejas. También se consiguen tasas superiores al 99 % en elementos como el cobalto, el manganeso o el níquel. Con estos datos, Pekín quiere consolidar su posición de ventaja como el mayor productor de movilidad eléctrica, transformando el residuo en una fuente de materia prima secundaria muy fiable.
El sistema nacional de vigilancia digital
Para que el plan de reciclaje de baterías funcione, se va a poner en marcha una red informática centralizada que registrará cada paso del componente. Esta plataforma anotará desde la creación de celdas en la planta química hasta su venta, pasando por cualquier reparación o cambio que sufra en el taller. De este modo, no habrá huecos donde los restos puedan desaparecer del radar estatal. El control se extiende incluso al momento final del desarmado y su posterior aprovechamiento técnico especializado.
Los fabricantes tendrán que someterse a reglas de producción más estrictas, priorizando los materiales que no sean tóxicos y que resulten sencillos de procesar al final de su vida. Cada unidad fabricada deberá portar una identificación única bajo la etiqueta normativa GB/T 34014. El gobierno pretende así fomentar el empleo de maquinaria y procesos tecnológicos que faciliten la separación de componentes, reduciendo los riesgos laborales y ambientales que tradicionalmente han castigado a esta industria pesada tan necesaria.
Las empresas que se dedican al intercambio de fuentes de energía y otros servicios relacionados también tienen sus deberes. Están obligadas a entregar cualquier dispositivo que sea retirado de la circulación a centros que cuenten con el permiso legal necesario. Nadie podrá realizar tareas de tratamiento integral si no tiene el respaldo de las leyes vigentes.
Obligaciones para el reciclaje de baterías
Las marcas que vendan o introduzcan vehículos de nuevas energías en el gigante asiático deben cumplir plazos muy cortos de reporte. En menos de seis meses tras certificar un producto, tendrán que entregar manuales técnicos detallados sobre cómo desmontar sus componentes. Además, una vez que se entrega el certificado de conformidad de un vehículo, sólo disponen de veinte días para volcar en el sistema datos como el código de identificación de la batería y la fecha exacta de la transacción comercial.
Otro punto fundamental es la creación de una red física de recogida que cubra todo el territorio donde se comercialicen estos productos. Los responsables de las marcas deben establecer puntos de recepción específicos para que los usuarios o gestores puedan depositar las unidades agotadas. Esta información de contacto tiene que ser pública y mantenerse al día de forma constante. Se trata de una responsabilidad directa que recae sobre los hombros de los importadores y productores de tecnología de almacenamiento energético.
El gigante Brunp Recycling, vinculado al grupo CATL, ya maneja más de la mitad de estos residuos en el país, con una capacidad de procesamiento de 120.000 toneladas. Sin embargo, las nuevas reglas de reciclaje de baterías fuerzan a todo el sector a profesionalizarse para absorber el crecimiento futuro. El seguimiento individualizado de cada pieza permitirá que las autoridades verifiquen si se cumplen los protocolos de seguridad.
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Soy una periodista madrileña con más de 25 años de experiencia. Cursé los estudios de periodismo en el Centro de Estudios Universitarios San Pablo CEU. A lo largo de mi trayectoria profesional he trabajado en medios como Motor 16, Km77, Car & Driver o Quad & Jet, y he colaborado con departamentos de prensa como el de BMW.














