- España ha rebasado los 48.000 puntos de recarga en agosto de 2025 e inaugura hubs de importancia como el de Intu Xanadú, aunque aún un 22% de las instalaciones no está operativo y la red rápida es insuficiente.
- El objetivo para 2030 requiere multiplicar la velocidad de despliegue por ocho y solventar cuellos de botella regulatorios y administrativos; la comparación europea evidencia el importante retraso nacional.
- La cooperación público-privada y la innovación en instalaciones, precios y energía renovable serán decisivas para transformar el mapa de la movilidad eléctrica en España y lograr la electrificación del parque móvil.
El ritmo de expansión de la red de recarga en España se ha acelerado en 2025, con más de 43.500 puntos en julio y una cifra superior a 48.000 a finales de agosto. La Comunidad de Madrid, Cataluña y la costa mediterránea concentran la mayor parte de estos puntos, aunque la disponibilidad por habitante y por vehículo sigue siendo una asignatura pendiente en muchas regiones. El incremento de hubs de alta potencia, como el estrenado recientemente en Intu Xanadú, con 116 puntos (16 ultrarrápidos de 180 kW y 100 semirrápidos), marca un antes y un después en la cobertura de centros comerciales, permitiendo cargar hasta 100 km en menos de 6 minutos y hasta 3,6 MW de potencia instalada.
Sin embargo, persiste un déficit preocupante: más de 13.000 cargadores instalados no están aún en servicio, lo que supone un 22% de la infraestructura disponible, por retrasos administrativos y de conexión. Además, solo el 25% de los puntos públicos ofrecen recarga rápida o ultrarrápida, fundamentales para desplazamientos largos y para el despegue del vehículo eléctrico entre la mayoría de usuarios.
¿Y frente a Europa?
Pese al crecimiento local, España sigue a la cola en comparación con sus pares europeos. Europa ya suma 950.000 puntos públicos y más de 11 millones de eléctricos en circulación en 2025. Países como Alemania, Francia, Países Bajos e Italia lideran el despliegue y concentran buena parte de la red continental, con una densidad de puntos por habitante y por coche eléctrico mucho más elevada que la española.
El Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) fija como objetivo para España alcanzar 5,5 millones de eléctricos y más de 100.000 puntos de recarga para 2030. A ritmo actual, cumplir ese objetivo exige multiplicar por ocho la velocidad de despliegue y agilizar la puesta en marcha de infraestructuras. Europa, por su parte, necesitaría 8,8 millones de puntos para 2030, lo que implica instalar más de 23.000 puntos semanales: en 2024 el ritmo fue de 18.250 a la semana, muy por debajo del objetivo propuesto.
Retos inmediatos
La inauguración de hubs como el de Intu Xanadú representa un salto cualitativo y cuantitativo para mejorar la experiencia del usuario, ofrecer servicios multiformato (ultrarrápidos y semirrápidos) y garantizar la carga a gran escala sin saturaciones. La red de Iberdrola, con más de 10.000 puntos públicos activos a septiembre de 2025 (el 25% de ellos rápidos o ultrarrápidos), confirma que la colaboración público-privada y la competencia entre operadores son las palancas clave del progreso.
No obstante, para que España alcance el ritmo europeo son urgentes reformas en la tramitación, incentivos regulatorios y una estrategia nacional clara, que además contemple el despliegue de infraestructuras de recarga en áreas rurales, autopistas y centros logísticos. La reducción del coste, el impulso del vehículo eléctrico asequible y la integración de energías renovables en la recarga serán vitales para la descarbonización del transporte, como alerta el Colegio Oficial de Ingenieros Industriales de Madrid en su último informe sectorial.
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No era la idea inicial pero las cuatro ruedas se cruzaron en mi camino periodístico y desde entonces no he parado de disfrutar al volante. Enamorado del sonido de algunos motores, hoy por hoy vivo con sorpresa y emoción el camino electrificado que está tomando el sector.














