Bicicletas para la libertad

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Desde sus orígenes, las prisiones han variado la forma en que contribuyen con el orden social: desde las mazmorras en las que se esperaba la tortura o la muerte, a las simples áreas de aislamiento, pasando por las más modernas (aunque todavía escasas) que persiguen la rehabilitación de los reos a través de formación y trabajo.

Las cárceles rebosan de presos. El sistema penitenciario no puede hacerse cargo de tanta gente. No sólo resulta un problema social, sino también medioambiental puesto que, para atender a los reclusos se necesitan muchos recursos naturales; entre otros, energía. Hoy, existe un nuevo concepto de cárcel que pretende desarrollar la labor de reinserción social a través de la educación ecológica y la producción de energía limpia. El sistema penitenciario español debería tomar nota.

Una cárcel situada en Santa Rita do Sapucai, en Brasil, mejora las condiciones de los presos a golpe de pedal, a la vez que optimiza el recinto penitenciario produciendo energía limpia. Con la ayuda de la comunidad, han implantado cuatro bicicletas estáticas conectadas a baterías de automóviles que son cargadas mientras los presos pedalean. De esta manera, la carga de la batería se convierte en electricidad de 110 voltios. Un policía de la prisión recoge las baterías y las coloca en 10 farolas para iluminar un malecón.

Hace varios meses, la Oficina la Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, denunció la falta de higiene y los graves problemas que sufren las prisiones sudamericanas debido a la superpoblación que presentan. El juez de Santa Rita, José Henrique Mallman, comenzó a buscar alternativas para conseguir fuentes de energía limpia con el objetivo de aplicarlas en la penitenciaría local y encontró la idea de un gimnasio estadounidense que obtenía energía a través de los pedaleos de los usuarios en la bicicleta.

El programa, además de tratar de fomentar la reinserción social y generar energía limpia, ayuda a que los presidiarios puedan reducir sus penas. Por tres días de pedaleo eliminan un día de su condena. «Pedaleando nos sentimos más importantes, más útiles y mejor cada día», afirma el preso de 36 años Ronaldo Silva, que ha conseguido eliminar 20 días de su sentencia de cinco años y medio por asaltar una panadería.

La iniciativa ha tenido un éxito rotundo y el 80% de la cárcel quiere participar. El juez Mallman estudia incluir 6 bicicletas más en la cárcel para poder iluminar las 24 farolas restantes del malecón.

Otras iniciativas

Por otra parte, en la prisión estatal de Ironwood, en California, los presos se dedican al mantenimiento de 6.200 paneles solares ubicados en la misma penitenciaría. Además de generar energía para el funcionamiento de la prisión, se alimentan 4.000 hogares de la región. Un correccional de Washington, el Cedar Creek Correctional Center, asigna a cada recluso un trabajo relacionado, entre otras cuestiones, con la preparación de compost, reciclaje de desechos o cultivo ecológico.

En Oslo, Noruega, existe una colonia que es un claro ejemplo para el sistema penitenciario de todo el mundo. Tiene paneles solares, el edificio se calienta con desperdicios de la industria maderera y no con petróleo, posee una política de reciclado estricta y para la comida, son casi autosuficientes. Los 115 internos de Bastoey, Oslo, cultivan una granja orgánica en la que no se utiliza ningún tipo de pesticida. Y lo interesante es que la comida que no se come allí es vendida a otras prisiones. Pero también tienen una granja con 200 pollos, 40 ovejas y 20 vacas e incluso pescan en las aguas del mar Skagerrak. “Es parte de nuestra forma de hacer que los internos tomen responsabilidades, al hacer que se ocupen de los animales y las plantas”, según el encargado de la prisión Per Eirik Lund. Los prisioneros también han instalado paneles solares en varios bloques y se encargan de su mantenimiento.

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